Hace catorce años nuestras vidas se cruzaron, pero no era el momento. Éramos jóvenes, por un tiempo estuvimos en la misma congregación, pero la vida nos llevó por senderos distintos. Pasaron los años y, como las mareas que vuelven siempre al mismo puerto, nuestros caminos volvieron a encontrarse.
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Un 31 de abril del año 2023, Baños —ese rincón de encanto y destino— fue testigo de nuestro reencuentro. Jonathan, viajero solitario, decidió quedarse un día más, sin saber que ese gesto cambiaría su historia para siempre. Vanessa también estaba allí, como si Jehová ya hubiese trazado ese encuentro.
Esa noche, bajo las luces tenues de Baños, nuestros pasos se encontraron con la calma de quien sabe que algo importante está por suceder. Caminamos sin prisa, como si el tiempo se hubiera detenido para nosotros. Visitamos un pequeño museo donde cada rincón parecía guardar un recuerdo que aún no habíamos vivido. Más tarde, desde lo alto de un rooftop, entre risas y confesiones, nos volvimos a mirar con ojos nuevos.
Y luego, al bailar, con su chompa rosada iluminando la pista como una promesa, Vanessa sonrió... y en ese instante, el corazón de Jonathan supo —sin lugar a dudas— que ella era el amor de su vida.
Después de regalarnos el tiempo para ser amigos y volver a descubrirnos con el alma tranquila, en junio de 2024 nos hicimos novios. Y fue en febrero de 2025, en Baños —el mismo lugar donde nuestros caminos volvieron a cruzarse— donde Jonathan le pidió a Vanessa que fuera su esposa.
Hoy, celebramos que el amor verdadero no llega tarde. Llega cuando tiene que llegar. Y nosotros —por fin— estamos listos para caminar juntos, tomados de la mano, con Jehová siendo parte de nuestra cuerda triple en esta historia que apenas comienza.